FELIPITO; EL VELERO DE MÁSTIL FLOJO

Érase una vez, una reina que vivía en un hermoso palacio. Nuestra reina del cuento se llamaba Carla. Lo tenía todo, su palacio, su carro, sus caballos, un reino bello, grandes lujos y sobre todo, lo que más amaba, su velero.
Ella era amante de su velero, de dar paseos sobre ese velero lindo. No era el mejor velero del mundo, no era el más lujoso, ni el más grande, pero... era el suyo. Tenía un alto valor emocional para ella, lo apreciaba, lo mimaba, lo cuidaba, lo estimaba.

Una mañana de primavera, Carla se despertó muy temprano con ansias de salir a navegar. Muy eufórica abrió los ojos en su cama y pensó que podría ser un buen momento para navegar, para surcar los mares, para que el viento la despeinara, y sudar salitre por los poros de su piel.
Corrió hasta su pequeño muelle, y allí estaba él, Felipito, así es como se llamaba el velero. Firme anclado a su muelle de siempre. Felipito estaba reluciente, brillante por el reflejo del sol en el amanecer.
Carla se acercó tÍmidamente a Felipito y le susurró...

 - Felipito, hoy me apetece navegar, me apetece surcar los amplios mares y dejarme llevar por ti.

Felipito estaba encantado de que su reina le reclamara sus servicios, que le solicitara, así que le permitió que se montara en él.

- Señora la llevaré muy lejos, le daré el mejor paseo que jamás ningún velero le ha podido dar, será inolvidable y lo recordará para siempre.

La reina Carla estaba muy feliz y ansiosa a la vez. Se colocó el chubasquero para evitar las salpicaduras, agarró el timón, elevó ancla y subió el mástil.

- ¡Surquemos Felipito, llévame bien lejos! exclamó la reina.

El paseo comenzó muy lentamente y de una manera muy agradable, pero poco a poco Felipito fue alcanzando velocidad. La reina Carla disfrutaba del hermoso paseo, recreándose la vista del paisaje. Ya habían recorrido unas cuantas millas, cuando de repente... ¡Zasssss! ¡se escucha un crujido y el mástil cae entero!
 
- ¡OHHH! ¡ Felipito! ¿Qué pasa?
Carla muy angustiada le decía... ¿Te ocurre algo? ¿Ya no quieres navegar conmigo?

Felipito no entendía que pasaba, se sintió avergonzado por lo sucedido e intentaba poner mil y una excusas... 

- ¡es que... estoy agotado!, ¡el calor!, ¡es mucha presión, ser el velero de la reina!

La reina Carla empezó a dar vueltas a lo sucedido. Sentía una mezcla entre "desilución", porque su viaje se hubiera acabado así, y "pena", por ver a Felipito tan angustiado.
Pero justo en ese momento tomó una decisión. Se levantó rápidamente y le dijo... 

- ¿Sabes qué? Felipito... no pasa nada, seguramente que no es nada. Además, si te fijas a tu alrededor, podremos disfrutar de este maravilloso amanecer.

La reina Carla se tumbó junto al timón de Felipito en el suelo, y disfrutó placidamente el precioso amanecer que tenían ante sus ojos. No pensaron en nada, no hablaron de nada, simplemente se dedicaron a estar allí, uno con el otro.
Sin darse cuenta, unas horas después, habían llegado al puerto por la corriente del mar.

- ¡Vaya Felipito, hemos llegado!, ¡Qué alegría!

La reina Carla atracó su hermoso velero al muelle y disfrutaron de un bonito día en el pantalan.
¡Colorín colocado, este velero ha atracado!
Recuerden Cupider@s que la expectativa es la madre de toda frustración. ¡Jaque mate!
LES QUIERO CON MUCHO HUMOR

6 comentarios:

  1. Atravieso un momento que este cuento me daja sin palabras. Puede que por eso el jaque mate. No me gusta perder al ajedrez. Pero tengo el mástil roto también.

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    1. Lo del ajedrez tiene fácil solución...

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    2. Bueno. No sería la primera vez que juego a distancia. Y cuando no teníamos los medios de hoy en día. Mandaba mi movimiento por correo postal a Dinamarca donde estaba mi amigo y tenía que esperar a recibir el suyo.
      sería todo un placer.

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  2. Me he sentido Carla por un momento!!!

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    1. Siento mucho que hayas tenido que ver a la deriva...

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La Mirilla De Cupido © Nass Marrero