LAURA, LA SECRETARIA (RELATO ERÓTICO)

Laura era una joven muy tímida y reservada. Siempre andaba sola de un lado para otro, y nunca se le veía con amigos. 
Era bajita pero con unas curvas muy pronunciadas, que apenas se le notaban debido a la ropa holgada que solía usar. Llevaba unas lentes de pasta negra, que le ocultaban los grandes ojos azules que tenía. Una mirada dulce e ingenua. 
Lucía siempre media melena rojiza que hacía juego con las pecas que le flotaban por toda su piel blanquecina.


Trabajaba en una oficina como secretaria de dirección, bajo el mando y las órdenes de un apuesto ejecutivo.
Como todas las mañanas Laura acudía puntualmente a su puesto de trabajo, y como si de una hormiguita se tratara, se sentaba en su despacho entre una montaña de papeles.

Carlos, su jefe, apareció por la oficina. Laura no lo había visto aún, pero sabía que estaba allí. Su olor era inconfundible. Nada más entrar por la puerta, dejaba todas las instalaciones impregnadas de su dulce y varonil fragancia. ¡Ya está aquí el señor Carlos!

-  Buenos días señor Carlos.
-  Buenos días señorita Laura. Por favor, no me pase ninguna llamada hasta que se lo avise. Me tengo que reunir y estaré toda la mañana muy ocupado.

Laura tan solo asintió con la cabeza, y continuó en su mesa alborotada por los papeles.

Tan solo 10 minutos después, llaman a su puerta preguntando por el señor Carlos. Era un motorista muy guapo. Pantalones vaqueros rasgados por una de las rodillas. Una cazadora y botas de cuero negras. Y el pelo revuelto del casco.
Laura abrió los ojos como si de un Dios se tratara. Se comenzó a poner roja, y su respiración se entrecortó.
Borja se llamaba aquel adonis.

- El señor Carlos está reunido, no le podrá atender. Dígame lo que desea, quizás puedo ayudarle.

Borja se adentró sin pronunciar palabra, muy despacio cerró la puerta y se dirigió a su mesa. Colocó sus dos manos sobre la mesa y se inclinó muy cerca de los labios de Laura.

- ¡A ti!, ¡Te deseo a ti!

En ese momento Laura enmudeció.
Borja colocó el casco sobre su mesa, y comenzó lentamente a rodear la mesa, sin dejar de mirarla. Al llegar a su lado, giró la silla, dejando a Laura frente a él. Cogió suavemente la mano de Laura y la colocó sobre su miembro ya erecto.
Laura, boquiabierta lo miró fijamente a los ojos.
Borja sutilmente, bajó su cremallera y sacó su grueso miembro. Ella comenzó a rozarlo tímidamente, hasta que lo agarró fuertemente y se lo introdujo en la boca. Borja agarró el pelo de Laura y la apretó fuertemente hacia él. Laura estaba dentro de Borja de una manera inesperada, pero excitante.

Justo en ese momento, el señor Carlos salió de su despacho para pedirle a Laura una documentación. Al llegar al despacho irrumpió si llamar a la puerta, encontrándose aquel panorama.

- Pero… ¡Laura!

Laura se reclinó rápidamente en su silla y colocándose la ropa y el pelo alborotado. Se llevó las manos a la cara, para tapar su rostro avergonzado.

- ¡Laura, jamás me hubiera imaginado algo así de ti! ¡Tan callada, tan tímida e ingenua!
- No sé qué decir señor Carlos…
- ¿Dime si continuarías haciendo lo que estabas haciendo, mientras yo te miro?
- ¿Señor Carlos?
- Laura, necesito comprobar que no estaba equivocado. Que debajo de esas gafas, vive la mujer ardiente que siempre sospeché… necesito saber que las veces que te he imaginado en la mesa de mi despacho, puede ser una realidad… necesito saber que posees esa fuerza, ese misterio y ferocidad que tanto llevo esperando ver en ti…
- Eeeehh... - Fue lo único que alcanzó a pronunciar Laura.

Pero de repente se giró para Borja, agarró su miembro con firmeza y se lo introdujo nuevamente en su boca.

El señor Carlos cerró la puerta, y giró la llave. Avanzó hasta el viejo sofá verde que había en el despacho de Laura, y se acomodó quitándose la americana y aflojándose la corbata. 
Estaba preparado para ver aquel espectáculo.
Borja agarró con fuerza la cabeza de Laura y volvió a apretarla fuertemente contra él.

Laura se levantó, y Borja le fue desabrochando uno a uno, los botones de la camisa blanca y formal que Laura llevaba. Le quitó la camisa suavemente, dejando a la vista el sujetador blanco de encajes que cubrían los pechos de Laura.
La giró contra la mesa, y se colocó detrás de ella. Así podría rozarse con ella, y que sintiera su miembro firme y duro en sus nalgas.
Con una mano acariciaba sus pechos, y la otra mano se dedicaba a subir su falda. Le bajó las bragas, dejándolas caer hasta los finos tobillos de la secretaria. Terminó de subirle la falda y penetrarla por detrás en la mesa. 
Laura se sujetaba a los archivadores que estaban esparcidos por toda la mesa. Con los bruscos movimientos que Borja daba, zarandeaba todos los objetos de la mesa, lámpara, teléfono y varios lapiceros. El ruido no impidió que Borja siguiera penetrando a Laura.

Laura levantó la mirada y pudo ver como el señor Carlos, la miraba con deseo desde el viejo sillón verde.
Ese hecho, aumentó el deseo de Laura y comenzó a desvestirse por completo, dejando solo a la vista las medias negras con ligero que llevaba a medio muslo.

El señor Carlos tomó esa iniciativa como permiso para acceder al juego. Bajó la cremallera de los ajustados vaqueros que llevaba y comenzó a jugar con su miembro.
Borja sujetó a Laura con fuerza, la giró y la recostó en la mesa de su despacho, mientras volvía a penetrarla hábilmente.

El señor Carlos gozaba de lo que tenía ante sus ojos, pero necesitaba sentir la piel de Laura, necesitaba acariciarla y rozarla, así que se levantó y se acercó a la mesa.

Comenzó a acariciar los pechos de Laura, mientras Borja la seguía disfrutando y penetrando. Pero al señor Carlos, esto le parecía poco. Sintió la necesidad de introducirse dentro de aquel volcán. Agarró a Laura y la puso boca abajo en la mesa. Borja continuaba penetrando a Laura, pero así el señor Carlos pudo introducir su miembro erecto en la boca de la dulce Laura.

Aquel frenesí de deseo tenía a Laura extasiada, pero no le impedía seguir disfrutando de ambos a la vez.
Laura se incorporó y decidió tomar la iniciativa. Algo así debía disfrutarlo al máximo, y quería poner sus normas.
Llevó al señor Carlos al sofá verde, y se sentó encima de él de espaldas. Así podría cabalgar sobre él, a la vez que saborear todo de Borja.
Laura cada vez estaba más excitada. Ardía de deseo por dentro y por fuera.

El señor Carlos arañaba la espalda de Laura, no podía contener la pasión que en ese momento sentía. Agarraba fuertemente las caderas de Laura, apretándola bruscamente sobre él.

Mientras tanto, Borja disfrutaba de la cálida y húmeda boca de Laura. Los gemidos de ambos, se entrelazaban con los tímidos jadeos de Laura.
Justo en ese momento de tensión máxima, en ese mismo instante, un gemido estremecedor de Borja silenció todo el despacho.

Escuchar a Borja en tal estado de excitación, aceleró mucho más el orgasmo de Laura, y comenzó a cabalgar con más intensidad sobre el señor Carlos.

Carlos lanzó sobre la marcha un gemido brusco y grave que hizo estremecer cada poro de la piel de Laura. Provocando de inmediato un intenso orgasmo en la dulce secretaria. Retorciéndose y arañando los brazos del sofá, mientras el éxtasis brotaba por su cuerpo. 
Dejó caer su cabeza hacia atrás y respiró profundamente para recobrar una respiración regular después de tal experiencia.

Seguidamente, el señor Carlos se recostó en el sillón a contemplar como Laura, tímidamente comenzaba a vestirse. La contemplaba con admiración y aun con deseo.
Se subió la cremallera de su vaquero.

- Laura, venía a pedirte los informes que repasamos la semana pasada juntos...

Recuerden Cupider@s que cuando el trabajo es un placer, la vida es una alegría. Cuando el trabajo es un deber, la vida es una esclavitud. (Maximilien Robespierre)



LES QUIERO CON MUCHO HUMOR


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