ANIVERSARIO DE BODA (RELATO ERÓTICO)

Daniel es el marido perfecto. Siempre atento, cariñoso, y trabajador. Llevamos ya 7 años de relación, y justamente esta semana hicimos nuestro tercer aniversario de casados. Quería estar perfecta para él. 
Al salir del trabajo, me pasé por la peluquería, y  corrí a casa para prepararle su plato favorito.

Nada más llegar a casa, me puse a preparar la cena, y poner la mesa, con algún toque diferente que homenajeara la situación. Unas velas, un poco de música, un buen vino y una nota encima de su plato:

" Tú y yo construimos nuestro propio mundo, y vamos a celebrarlo hoy que es nuestro día, TE AMO"


Me puse un vestido negro corto, con un escote en "V". Unos altos tacones negros, y un poco de perfume. Tal y como le gusta verme a Daniel.
Escuché la llave girar en la puerta.

- ¡ya llegó! - me dije.

Daniel cruzó la puerta con la enorme sonrisa que le caracteriza. Se acercó a mí y me abrazó dulcemente.

Nos sentamos ambos en la mesa, para disfrutar de nuestro pequeño momento en soledad, el uno con el otro.
Charlamos durante largo rato, reviviendo maravillosos momentos que habíamos tenido juntos.
Cuando me dispuse a traer el postre, me pidió que me sentara, que tenía que hablar conmigo.

- Siéntate por favor. Me gustaría hablar un momento.

Su cara era indescriptible. No supe descifrar la expresión de su rostro. Pero aun así, accedí a su petición y me senté nuevamente.
De repente sacó de su americana un paquete muy bien envuelto.

- Daniel, muchas gracias. Siempre eres muy atento.

Al abrir la caja, encontré un largo y espectacular collar de perlas. ¡Era precioso!

Rápidamente se levantó de la mesa. Pensé que quería ponérmelo. Pero de repente, se puso en mi espalda, me abrazó, y me susurró al oído:

- ¡Confía en mí!


Lentamente bajó la cremallera trasera de mi vestido negro, dejándome tan solo con mi ropa interior. Suavemente me quitó el sujetador y las braguitas. Contempló mi cuerpo al desnudo, tan solo con las medias negras que llevaba puestas.
Me giró, dejando mi cuerpo despojado frente a él. Agarró el collar, y me lo puso colgando por mi pecho.

- No te muevas - me susurró.

Apareció por el pasillo con la cámara de fotos. Me quedé sorprendida, porque no lograba entender que ocurría. No era capaz de comprender cuales eran las intenciones de Daniel. Pero debía confiar en él, siempre lo había hecho.

Me agarró del brazo y me colocó en el sofá. Estaba vestida tan solo con aquel maravilloso collar.

- Quiero que poses para mí - me dijo con firmeza.

No entendía nada, pero accedí a su petición. Me senté tímidamente en el sofá, con mi mirada clavada en los ojos de Daniel. 

- ¡No quiero que me mires a mí, mira a la cámara!

Comenzó a hacer fotos desde varios ángulos. Yo estaba tímida y nerviosa. Comenzó a salirme la risa tonta. Pero eso no impidió que él dejara de hacer fotografías.

                           
Pocos minutos después, comencé a relajarme, y a disfrutar de la experiencia. Daniel se acercó a mí, y me colocó el collar entre mis muñecas a modo de esposas. Estaba sentada, desnuda, con las piernas abiertas y mis manos atadas con aquel collar de perlas. Sentí liberación a pesar de estar sujeta. Me sentía libre de prejuicios, de obligaciones o cargas morales. Era mi cuerpo al desnudo, era yo al natural, sin nada que disimulara mis defectos.

Daniel cada vez se acercaba más a mí. Las fotos iban tomando menos ángulo, y el objetivo de la cámara cada vez hacía más precisas las partes de mi desnudo cuerpo.
Casi sin darme cuenta, tenía el objetivo a tan solo unos centímetros de mis labios. lancé un beso al objetivo y Daniel rápidamente lo capturó, pero con sus labios. Retiró la cámara y comenzó a besarme.

Fue un beso muy apasionado, tanto que perdí la noción del tiempo. Sentí a través del pantalón como iba endureciéndose el entrepiernas de mi marido, como poco a poco iba aumentando su deseo.
Liberó mis muñecas de aquellas perlas.
Me quedé recostada en el sofá de nuestro salón. Daniel se incorporó y me susurró:

- ¡Estas en desventaja, juguemos limpio!

Comenzó a desvestirse sin dejar de mirarme. Aproveché la ocasión para agarrar la cámara y tomarle unas fotografías del momento. Él sonrió, y me dijo:

- ¡Qué rápido aprendes nena!

Sonaba de fondo Frank Sinatra, y una luz tenue eran los únicos testigos de aquella habitación.
Comenzó a besarme el cuello, y lentamente fue bajando su lengua por todo mi pecho. Hizo un parón, para dedicarle un merecido premio a mis pechos. Continuó bajando hacia mi ombligo, jugando con su lengua haciendo pequeños círculos en él.

                           
Llegó con sus labios a mis muslos. Solo con la intención, todo mi cuerpo se estremeció. Comenzó a soplar suavemente. Me agarré fuertemente a uno de los cojines del sofá y respiré profundamente.
Muy despacito comenzó a lamer todo mi pubis. Enterré mis uñas en el sofá.
Me incorporé, quería grabar en mi retina aquella imagen tan explícita. Comenzó a jugar en mi pubis, con cada una de las perlas del collar. El cosquilleo y el frío de las perlas, era una sensación totalmente nueva para mí.
Agarré con fuerzas el cabello de Daniel, y lo apreté contra mí. Fue tan solo una décima de segundos, pero que me condujo a un nivel de excitación máximo. 
Comencé a sentir como manaba desde mi interior, la lava de mi volcán en erupción.
Daniel se incorporó y volvió a tomar su cámara en las manos. Fotografiaba pequeños detalles que reflejaban en mi cuerpo el estado de excitación en el que me había sumergido.
Fotografiaba mis pezones erectos, mi pubis húmedo, mis mejillas sonrojadas, mis labios húmedos, e incluso los poros de mi piel erizada.

Soltó la cámara para agarrarme con fuerzas contra él. Sin casi ni darnos cuenta, ya estaba dentro de mí. Comenzó a penetrarme suavemente.
Escuchaba como su respiración se aceleraba en mi oído. Sorprendentemente, a la vez que me penetraba, agarró la cámara nuevamente y me hacía fotos de la expresión de placer de mi rostro. Poco después me cedió la cámara, sabía que quería que yo hiciera lo mismo. Así que desde abajo, comencé a capturar en aquel dispositivo, sus gestos de placer.
Todo aquello me estaba excitando demasiado, estaba a punto de estallar nuevamente.

Escuché de repente, como la respiración de Daniel se aceleraba por segundos. Ese sonido me llevó rápidamente al clímax. 
Sin soltar la máquina de fotos, sin dejar de capturar ese momento, entramos en un profundo orgasmo, que lo delató un gemido ensordecedor.
Daniel calló casi desvanecido en mis brazos, extasiado.
Agarró la cámara y también tomó unas fotografías de mi rostro, con mi pelo alborotado, mis labios secos, mi piel enrojecida, pero una mirada lasciva y cautivadora.

- Daniel, gracias. Creo que será el mejor álbum de fotos nuestro.


Recuerden Cupider@s que no hay razón para no probar algo nuevo, solo porque nadie lo haya intentado antes.


LES QUIERO CON MUCHO HUMOR


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