LA BIBLIOTECA (RELATO ERÓTICO)

Jorge era un chico bastante introvertido, al que le costaba interactuar con la gente, sobre todo con las chicas. Pero una vez que tomaba confianza, era bastante risueño y alegre. Sus inseguridades venían desde pequeño, por haberse criado con sus abuelos sobreprotectores.

Estaba acabando su último año de económicas. Había decidido aparcar su vida social, para hacer más hincapié en los estudios y poder terminarlos ese mismo curso.
A pesar de su timidez, tenía un físico superior a la media. Medía 1,90 cm, de piel tersa y unos enormes ojos verdes. Su cuerpo estaba bien esculpido, gracias a una buena genética y a todo el deporte que realizaba.


Una mañana de sábado, decidió irse a la biblioteca municipal desde muy temprano. Tenía en breve un examen muy duro, y debía dedicarle bastantes horas para sacar la asignatura.

Estaba la biblioteca muy tranquila a primera hora. Se sentó al fondo para poder utilizar la luz natural de las grandes cristaleras. Era un chico bastante organizado y metódico. Los bolígrafos alineados entre sí, cada hoja debidamente marcada, y todo sistematizado a la perfección.

Llevaba casi dos horas seguidas sin levantar apenas su mirada de aquel aburrido libro. Decidió salir a por un café y despejar la vista. Al salir por el largo pasillo, sin querer, rozó un libro de una mesa, y cayó al suelo.
Rápidamente lo recogió del suelo, y al levantar su mirada, ¡ella estaba allí! Era una chica de pelo alborotado, recogido en un moño muy desaliñado, gafas negras, y sonrisa muy despistada. 
Le entregó su libro tímidamente. El tiempo justo para fijarse en cada uno de los detalles de la situación. Esa era la habilidad de Jorge, extraer detalles ínfimos con tan solo décimas de segundos.
La mesa estaba totalmente desordenada, hojas en sucio por toda la superficie, el caos personificado. Sentada sobre sus pies encima de la silla, la ropa holgada y arrugada, pero una mirada intensa, muy peculiar.
Jorge se fue rápidamente, sin mediar apenas palabra. Su timidez le impidió invitarla a un café, a pesar de que lo pensó.

Estando en la máquina de café, ella apareció de nuevo. Su sonrisa desde lejos cautivó nuevamente a Jorge.

- ¿No me vas a invitar a un café? Es lo menos que podrías hacer después de tirarme los libros – y lanzó una enorme carcajada.

Jorge titubeó y solo logró decirle.

- Disculpa nuevamente. ¿Solo o con leche?
- Me llamo Paula, y lo quiero con leche.

Jorge estaba tan nervioso que casi ni atinaba a meter las monedas en la máquina de café. Paula se dio cuenta e intentó ayudarlo, parecía que lo estaba pasando mal. Agarró su mano para ayudarlo a meter el dinero. En ese mismo momento, la respiración de Jorge se entrecortó.
Paula muy astuta, se percató de este hecho y quiso poner a prueba a Jorge. Lo agarró con fuerza de la mano y mirándolo fijamente le dijo:

- ¿Sabes?, ¡me ponen mucho los chicos tímidos como tú!

Jorge rápidamente soltó su mano y le dijo:

- No sé de qué hablas, aquí tienes tu café – y se volvió rápidamente a su sitio para enterrar su cabeza entre aquellos inapetentes libros.

Una vez sentado entre sus apuntes, no podía quitarse a Paula de la cabeza. Era la típica persona que entra en un espacio y lo llena tan solo con su presencia. Esa personalidad arrolladora, que perturba, que trastorna.
No entendía que había sucedido, ¿por qué no podía relajarse?


Justo en el momento, que parecía que ya la había alejado de sus pensamientos, se acercó sigilosamente y le dejó una nota sobre su mesa y se marchó.

Jorge la siguió con su mirada, como se alejaba tras los largos pasillos atiborrados de estanterías cargadas de conocimiento.
Pero… ¿Esta chica que es lo que pretende? Abrió la nota lentamente y tan solo decía:

-Te espero en el baño de chicos. Y adjuntaba una cara sonriente mal dibujada.

La cabeza de Jorge comenzó a dar mil y una vueltas. Se le escapaban muchos detalles. No era consciente apenas de lo que estaba sucediendo. ¿En los baños? ¿Para qué? ¿Cuáles eran sus intenciones? ¿Se estaba riendo de él? Estas cosas solo pasan en las películas, se repetía una y otra vez.

Aun así, la curiosidad, la intriga, y lo desconocido lo llamaban. Se armó de fuerzas y se dirigió a los baños de la biblioteca.
Al abrir la puerta, el baño estaba totalmente vacío. Pensó que había sido una broma de muy mal gusto. Pero en ese mismo momento que decidió marcharse, escuchó un pequeño ruido dentro de uno de los baños.

- ¿Hola?, ¿Hay alguien? – Mientras entraba sigilosamente.

Como salida de la nada, una mano lo agarró por el brazo y lo metió en uno de los aseos. ¡Era ella!
Comenzó a besarlo con frenesí. Jorge intentó frenarla, pero ya era tarde. Ya su cabeza no podía pensar, ya no podía controlar su voluntad. Simplemente se dejó llevar por aquella vorágine que tenía frente a él. Estaba atrapado por el deseo en un aseo público de menos de un metro cuadrado.

Paula lo arrinconó contra los viejos azulejos de color “azul desgastado”. Empezó a rodear su cuerpo con aquellas suaves manos. Metió una mano bajo su camiseta, mientras la otra agarraba su cuello con destreza.
Jorge sintió que no tenía escapatoria, pero aun así, tampoco quería huir de aquella experiencia única.

Se dejó llevar, arrastrado por el fuego de Paula. Levantó su camiseta desaliñada, dejando a la vista los pechos de aquella diosa. Comenzó a tocarlos con suavidad, pero justo en ese mismo instante, Paula de un empujón, lo sentó en el retrete. Jorge la tenía delante de él, y empezó a besar todo su pecho. Paula exhausta inició a emitir unos jadeos muy suaves.

- Nos podrán escuchar – dijo en voz baja Jorge.

- ¡SSHHH! – ordenó Paula.

Paula dejó caer sus bragas a los tobillos y se montó sobre el asustado Jorge.  Sin casi previo aviso, Jorge estaba dentro de Paula.




Paula comenzó a cabalgar lentamente, rodeando a Jorge con sus escuálidos brazos. La respiración de ambos se iba acelerando, y los gemidos eran imposibles de ocultar.
Jorge sabía que los podían pillar en cualquier momento, pero aquel juego era lo que le daba el toque de excitación máxima. ¡Sexo inesperado en un sitio público! Una fantasía hecha realidad.

Paula iba aumentando su frenesí, al ritmo de los vaivenes de sus caderas. Al aumentar su intensidad, se agarró de los azulejos. Jorge agarraba con fuerzas el trasero de aquella misteriosa mujer, frotando con más rudeza la pelvis de ambos.

- ¡No pares! – susurró Jorge.

Paula poseída del deseo, comenzó a jadear cada vez con más intensidad. Jorge estaba al borde de la locura.

- Nena, no creo que aguante mucho más.

Paula al oír la voz temblorosa del tímido muchacho, se excitó aun mucho más y comenzó a cabalgar fuertemente al compás de sus gemidos exaltados.
Apretó fuertemente su cuerpo con el de Paula, y se fundieron en un profundo orgasmo. Sudorosos, extasiados y delirantes dejaron que sus cuerpos se fueran de la mano con el deseo, sin necesidad de licencias ni prejuicios.

Jorge aturdido aun, yacía sobre aquel sucio baño público. Sin dejar de mirar a Paula con admiración. Mientras, Paula se acicalaba y salía del baño con una indiferencia y astucia indescriptible.

Jorge necesitó de varios minutos para retomar el control sobre su cuerpo. Pero al salir, estaba allí frente al espejo arreglándose con naturalidad.
Se giró y besó dulcemente a Jorge en la frente.

- ¡Buen trabajo nene! Te dejo estudiar. Pero reconóceme que ahora tras liberar tensiones, podrás lograr mejor la concentración que venías buscando a la biblioteca.

Jorge no pudo mediar palabra, aun continuaba sin aliento y sin sangre que le otorgara un pensamiento claro.

Paula salió del baño tras hacerle un pequeño guiño acompañado de una linda sonrisa. Y allí quedó aquel tímido chico, que tan solo pretendía estudiar.
 

Recuerden Cupider@s que siempre hay que arriesgarse a hacer cosas nuevas. Si aciertas es una recompensa. Si te equivocas, es una lección.

LES QUIERO CON MUCHO HUMOR


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2 comentarios:

  1. Seguro que Jorge, además de liberar tensiones, recuperó la estabilidad emocional que produce un sexo así de rápido.
    Me encantó.
    Felicidades.

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    1. El saber no ocupa lugar... jajajjajaj Muchas gracias.

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