MUJER FATAL (RELATO ERÓTICO

Adam era un joven muy guapo y apuesto, que vivía a las afueras de Madrid, en una urbanización exclusiva. 
Desde muy joven, fue un chico muy talentoso, el cuál, se le daba bien todo tipo de negocios. Con tan solo 21 años fundó su primera empresa, la misma que le fue aportando el capital suficiente, para crear el imperio que tiene actualmente con tan solo 32 años.

Llegó a casa después de un agotador día de trabajo. Se dio una ducha, abrió una botella de vino y revisó algunos correos electrónicos que tenía en su bandeja de entrada. Sobre las 01:15 h. se metió en la cama, completamente desnudo como acostumbraba a hacer en las noches de verano.


En mitad del silencio sordo de la noche, escuchó un ruido inquietante. Se incorporó de la cama rápidamente y permaneció quieto y expectante, a la espera de adivinar que había provocado su despertar.
Miró el despertador de su mesita de noche, marcaba las 03:10 h. No logró escuchar nada raro, así que decidió volver a conciliar el sueño.

- Creo que estaba soñando - pensó, a la vez que se recostaba nuevamente en su amplia cama.

- ¡No te muevas! - sonó de repente al lado de su oído, casi como un susurro. 

                                       

Adam abrió los ojos rápidamente, y se encontró una pistola a escasos milímetros de su cara. Le cortó la respiración de golpe, dejándolo sin habla.
¡Allí estaba ella! A pesar de ir totalmente vestida de negro y encapuchada, era imposible confundir aquel cuerpo de mujer, con aquellas mallas que no podían disimular las voluptuosas curvas de Paula.

Adam no entendía nada. Comenzó a pensar rápidamente el motivo por el cuál, aquella mujer le apuntaba con la pistola.

- ¿Será para robarme? ¿Ajuste de cuentas? ¡Seguro que quiere robarme! - se decía mientras ella lo miraba fijamente.

Paula sin dejar de apuntar fijamente a su rostro, le dijo:

- ¡No te muevas! Sigue mis instrucciones. ¡No intentes hacer ningún movimiento en falso! ¿Entendido? -  le susurró al oído.

Muy lentamente, Paula comenzó a caminar de espalda, sin dejar de apuntarle con el arma. Llegó al otro extremo de la habitación y se sentó en una butaca blanca que había frente a la cama.

- ¡Mírame fijamente a los ojos, y no hagas ningún movimiento extraño! Quiero que me des la combinación de la caja fuerte que tienes detrás de la pecera del salón. Tengo un mapa exhaustivo de toda la casa, llevo siguiéndote meses. Sé todos tus horarios, tus contactos, e incluso la marca de dentífrico que usas. También sé dónde está la alarma, así que las manitas quietas - le dijo Paula sin dejar de mirarle a los ojos.

Adam empezó a ponerse bastante nervioso. ¿Quién era esa chica? ¿Meses siguiéndome? ¿Será capaz de hacerme daño? - piensa rápido Adams, se decía.

Justo en ese mismo instante, Paula se quitó el pasamontañas, dejando a la vista su rostro y su lisa cabellera negra corta.
Sacó un cigarrillo y comenzó a fumárselo.  

                                       
- Hasta las 06:30 h. no llega Angela, tu asistenta del hogar, así que tenemos tiempo. No tengo prisas - le dijo Paula muy relajada.

- ¡Déjame incorporarme, por favor. Así podremos hablar mejor! - suplicó Adam con la voz temblorosa.

- Adelante, Adam. Pero recuerda, que tengo un arma cargada, y te puedo meter un balazo en ese precioso cuerpo que tienes. Sería una gran pena manchar esas sábanas de raso negras de sangre. O marcar esa tersa piel morena que tienes con un agujero de bala. O mucho peor, quedarnos sin ese magnífico hombre de negocios aficionado al baloncesto. ¡Incorpórate Adam Ortega, incorpórate! - dijo en un tono irónico Paula.

Adam lentamente se fue sentando en la cama, mientras aprovechaba para taparse con las sábanas.

- ¡Shhhh, quieto Adam! ¿Eres tímido de repente? No quiero que te tapes. ¡Me gusta mucho lo que mis ojos ven! Llevo tiempo deseándote. Meses imaginándome este momento. Entrar en tu casa en mitad de la noche, irrumpir en tu cuarto, y encontrarte aquí, desnudo ante mí. ¡Sumiso por y para mí! ¡Eres un joven muy apetecible! Así que baja esa sábana y déjame contemplarte. - plácidamente murmuró Paula.

Adam muy despacio fue bajando la sábana negra que cubría su entrepierna, dejando a la vista todo su cuerpo.
Entraba a través de la ventana un escaso reflejo de la luna llena, que hacía que todo su cuerpo resplandeciera.

Paula se recostó en el sofá blanco mientras terminaba su cigarrillo. No le quitaba los ojos de encima al despojado cuerpo de Adam.

- Realmente no sé que me excita más... ¿si la adrenalina de entrar en tu casa para robarte? ¿O la imagen que tengo ante mis ojos? - Dijo Paula.

- ¡Solo pido que no me hagas daño! ¡Haré todo lo que me pidas, pero por favor, no me hagas daño! - suplicó el joven.

Paula apagó su tabaco en el mismo suelo, pisando con sus altos tacones de aguja negros. Se levantó lentamente y caminó hacia el borde de la cama. Con la pistola en la mano, comenzó acariciar el cuello de Adam con el cañón del arma. 
El corazón del joven comenzó a acelerarse. Dudaba las intenciones de aquella mujer.
El frío acero de la pistola comenzó a recorrer todo su cuello. Continuó bajando hacia su pecho, bordeando los pezones.

- ¡Shhhh! ¡No te muevas Adam! - susurró Paula.

Adam clavó su mirada en los ojos negros de Paula. Descubrió que ella sentía más deseo, que ganas de hacerle daño. Agarró con fuerza la mano de Paula, bajando la pistola. La joven no opuso casi resistencia. Adam tomó la iniciativa y se puso de pie, sin soltar la mano en la que ella tenía el arma. Le dobló el brazo, quedando cuerpo con cuerpo. Las miradas entre ambos hablaban de deseo, contaban las ganas que se tenían.

El joven comenzó a oler el cuello de Paula muy despacio. Se impregnaba de cada poro de su piel. Fue recorriendo lentamente todo hasta llegar a la nuca. Empezó a besar lentamente, tan solo con el roce de sus labios. Adam sabía que ya su carcelera estaba presa del deseo.
Siguió besando todo su cuello muy despacio y dulcemente.
                                      
Paula de repente, lanzó un suspiro, suspiro de rendición. Se podía escuchar como bombeaba toda la sangre por sus venas.

Adam comenzó a descubrir todo el cuerpo de aquella "femme fatale" con sus manos. Acariciar lentamente su piel, al compás de los suspiros de Paula, que permanecía inmóvil con los ojos cerrados.
Adam aprovechó la sumisión de la joven, para acercar sus labios a sus mejillas, rozándolas tímidamente. Poco a poco se iba acercando a los gruesos labios de Paula, hasta unirlos en un cálido beso. En ese mismo instante, dejó caer el arma al suelo.

Adam sujetó por los brazos a la chica y la recostó entre las sábanas de raso negras. Comenzó a desnudar poco a poco todo el cuerpo de aquella ladrona. Cogió una de las corbatas que tenía colgadas en su galán de noche y le esposó las manos.
Paula pasó de ser aquella mala mujer, a ser una chica totalmente inofensiva. No se atrevía ni a hablar, todo lo decía con aquellos enormes ojos negros incesantes.

Adam bajo a los pies de la cama, y comenzó a besar los pies de Paula. Fue subiendo y recorriendo todo su cuerpo cuidadosamente. Ayudaba a sus labios con las yemas de sus dedos, para acariciar toda la piel posible.
Paula abrió un instante los ojos, para no perderse detalle de aquel espectáculo que tenía delante. Ver a Adam, aquel chico al que vigilaba hacía meses, aportándole placer. Ver como acariciaba su cuerpo, como lo mimaba y besaba. Admirar la dulzura de aquel tipo duro de negocios. Ambos llevaban esa careta por sus profesiones, pero ahora estaban los dos, frente a frente. Desnudos, sin máscaras con las que ocultarse.

Agarró con fuerzas las caderas de Paula, y lentamente fue entrando en ella sin mediar palabra. La chica abrió sus grandes ojos, intensificando su mirada, y respiró profundo.
Intentó soltarse las manos, pero la corbata que rodeaba sus muñecas, estaba bien anudada.

- ¡ Shhh! ¡Quieta, no te muevas y no te haré daño! - dijo Adam en un tono cómico.

Paula lanzó una pequeña carcajada de reconciliación.

Muy lentamente se fueron dejando llevar por sus cuerpos, por las ansias carnales. Desatando en cada gemido las pasiones de aquellas dos almas fingidas. Beso a beso, caricia a caricia, mirada a mirada, iban despojándose de todas sus miserias, de sus miedos e inseguridades. Ya no había que fingir nada, solo sentirse el uno al otro.

La joven inhaló profundamente el aroma del cabello de Adam, a la misma vez que dejó correr todas las pasiones desde lo más profundo de su ser. Adams a su vez agarró con fuerza la cara de Paula, quería que lo mirara, que viera su rostro deseoso, que sintiera muy de cerca su orgasmo. Y justo en ese mismo instante, un sonido muy delirante salió de sus labios anunciando el deseo.

Se desvaneció sobre el cuerpo de aquella mujer fatal. Exhausto, aun tembloroso, apoyó su rostro sobre el hombro de Paula y la miró fijamente:

- Ahora... ¡róbame todo lo que quieras, menos el corazón! - susurró Adam. 


Recuerden Cupider@s que detrás de cada "no quiero enamorarme más", hay una historia donde el final fue una decepción.

LES QUIERO CON MUCHO HUMOR


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