TIENES UN EMAIL (RELATO ERÓTICO)

- Bip Bip. Tienes un email.


From: Pablogutierrez@gmail.com
To: Carolina_Quesada@hotmail.com
Subject: ¡Te espero!

¡Hola, gatita! Esta mañana estás espectacular. ¡Cada vez que te veo tan concentrada en tu mesa de trabajo, me dan ganas de gritar a los cuatro vientos, que quiero que seas mía!
Sé que todo esto empezó como un simple coqueteo entre compañeros de trabajo. Que me has repetido en muchas ocasiones que nadie debe enterarse de nuestro coqueteo, ya que podría ser perjudicial para nuestros puestos de trabajo. Pero tengo la necesidad de tenerte entre mis brazos, de oler tu pelo a milímetros de mi boca, de acariciar tu piel palmo a palmo, de besar tus labios sin miedo al que dirán... de sentirte entera, de pies a cabeza.
¡Te necesito! ¡Me estoy volviendo loco! No puedo contener por más tiempo lo que siento. Verte pasear por la oficina sin poder rozarte, es un castigo. Así que te espero esta noche en la habitación 306. Hotel Park, en la C/ Río, N.º 29.
¡No me falles!



- Pero... ¿Y ahora? ¿Qué debo hacer? - Se preguntaba Caro.


Intentó que las miradas cómplices entre ambos, no se notaran en la oficina. Miradas que habían florecido hacía meses, como un simple coqueteo entre compañeros de trabajo. Y que poco a poco se fue convirtiendo en algo, que ni ellos mismos sabrían definir.


Carolina estuvo toda la jornada laboral bastante inquieta, queriendo hablar con Pablo. Pero estaba toda la oficina llena de compañer@s de un lado para otro.

A la hora de la salida, Pablo se acercó a la mesa de Caro, y disimuladamente le dejó una nota sobre la mesa.

- ¡Te deseo!


Carolina rápidamente guardó la nota en el bolsillo de la chaqueta y recogió sus pertenencias.

Camino a casa, se cuestionaba que debía hacer.
Llevaba meses esperando que algo así sucedería entre los dos. Pablo era un chico maravilloso y el "sex symbols" del despacho. Así es, como entre las chicas de la oficina lo habían apodado.
Un chico muy alto, moreno, de ojos pardos y sonrisa perfecta. Y lo más atractivo era ese carisma, que tenía a todas deslumbradas.

Al entrar a casa, como siempre, su gata la recibió con mucha alegría. Caro abrazó a su felina, y se recostó con ella en el sofá. Ambas necesitaban una dosis de mimos.

Mientras acariciaba el suave pelo de aquella coqueta gata, Caro meditaba sobre la decisión que debía tomar, o quizás la que quería tomar.

Se levantó de un salto, se metió en la ducha y se preparó para salir de casa sin saber muy bien el rumbo que tomaría.

Comenzó a caminar por las calles, y sin casi darse cuenta, casi por la inercia de sus deseos, se encontró frente al vestíbulo del hotel donde Pablo la había citado.

0, 1, 2, y se abrieron las puertas del ascensor en la tercera planta.

El corazón de Caro bombeaba a una velocidad vertiginosa. Las manos sudorosas tocaron la puerta de la habitación 306. ¡La puerta se abrió y allí estaba él!

Sin mediar palabra, agarró a Caro con fuerzas y la abrazó contra su pecho. Allí, en mitad del pasillo, se detuvo el tiempo, testigo de unos amantes que se deseaban incesantemente, día tras día, mirada tras mirada.
Pablo comenzó a oler su cuello, su pelo y su ropa. Agarró con delicadeza su barbilla mientras la miraba fijamente y le susurró:

- No te haces una idea del tiempo que llevo deseándote.


Pablo invitó a Carolina a pasar con un gesto con la mano.



Era una habitación preciosa, con vistas al centro de la ciudad. Había una botella de champan enfriándose, y una luz muy tenue dentro de la habitación, aportando mucho más calidez a la dulzura de Pablo. 
Sirvió dos copas rápidamente y le ofreció una a Carolina.



- Brindemos Caro - dijo el joven.

- Salud.
- Por dejar de ser compañeros de trabajo... - haciendo una pequeña pausa - ... solamente - concluyó Pablo.

Nada más brindar y beber un pequeño sorbo, Palo dejó la copa sobre la mesa. Se acercó a Carolina lentamente. Comenzó a acariciar su rostro, su pelo, su pecho. Empezó a desabrochar uno a uno los botones de su blanca camisa, dejando a la vista su sujetador. Continuó hábilmente desvistiéndola, y dejando caer toda la ropa al suelo.

La joven, callada e inmóvil, casi ni podía respirar. Lo miraba fijamente.
Cuando tenía completamente desnuda a Carolina, se colocó delante de ella y comenzó a desvestirse muy despacio, sin dejar de mirarla.
Allí estaban ambos desnudos, uno frente a otro, a escasos centímetros.
Pablo de repente, se dio media vuelta y se marchó al baño, dejando la puerta entreabierta.


Caro decidió seguirle. Sabía que tenía que ir tras él.

Al abrir la puerta del baño, se encontró una enorme bañera llena de espuma y unas velas aromáticas encendidas.

Pablo estaba ya dentro de la bañera, mirando a Caro fijamente, atrayéndola con la mirada.

Se acercó tímidamente al borde de la misma y le acarició el pelo al joven.
Pablo agarró su mano y la invitó a entrar con él.
Sentó a la joven de espaldas a él, envolviéndola con sus fuertes brazos.
Agarró una esponja y comenzó a acariciar su cuello muy despacio. Su espalda delicada, a masajear con la esponja sus pechos.
Con su lengua jugueteaba en la oreja de Caro, sin dejar de acariciarla.
La esponja bajaba por su ombligo, hasta llegar a su entrepierna.


El agua estaba tibia, pero comenzó a subir de temperatura. Temperatura que desprendían los cuerpos de ambos. 

Pablo empezó a masajear la entrepierna de la joven muy suavemente, lo que produjo que toda la piel se le erizara. La chica exclamó de placer, y su espalda comenzó a arquearse por el placer que le estaba otorgando su amante.
Lentamente Pablo giró la figura de la joven, para poder ver la expresión en su rostro, y admirar que la pasión era mutua. Necesitaba ver en sus ojos, que sentía el mismo deseo. 


Al ver el rostro de la chica ardiendo en deseo, no pudo contenerse y la besó apasionadamente.
Se agarraban los cuerpos con mucha intensidad, pero a su vez el agua y el jabón hacían que sus pieles se resbalaran para escapar el uno del otro.

Pablo agarró con fuerza las caderas de Carolina, y la sentó encima de él. Muy ferozmente la penetró, debido a la pasión contenida de muchos meses. Causado por todo aquel deseo que iba creciendo día tras día.

Caro comenzó a gemir al ritmo de las manos de Pablo, que la sujetaba por las caderas.
El joven no dejaba de mirar la cara de Carolina, de mirar como disfrutaba. 
La chica envolvió el cuerpo de su amante con sus delicados brazos, dejando su pecho en la cara del mismo. Pablo besaba frenéticamente los senos de la joven, sin dejar de balancearla y sentirse dentro de ella. 
Era suya por fin, la tenía toda para él.
La cintura de Caro comenzó a agitarse, haciendo que los músculos de la entrepierna se aferraran al miembro férreo de Pablo. La respiración y pulsaciones de los amantes se dispararon.
Carolina agarró con fuerzas la cabellera de Pablo, a la vez que lo miraba fijamente. Ese gesto excitó muchísimo al joven, tanto que se sumergieron ambos en un orgasmo intenso y placentero. Un placer indescriptible, un estallido de pasión y deseo reprimido, que por fin habían logrado. Sentir el cuerpo del otro, el olor, la piel, los besos, las caricias, miradas, después de tanto tiempo deseándolo. Qué mejor manera de celebrar la pasión, que con un buen orgasmo.

Se fundieron en un abrazo de espuma, envolviéndose con todos los besos que se debían...


Recuerden Cupider@s que en todo encuentro erótico ha un personaje invisible  siempre activo: LA IMAGINACIÓN.


LES QUIERO CON MUCHO HUMOR

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