EL DETECTIVE (RELATO ERÓTICO)


Susana Acosta llevaba 4 años casada con Roberto Rives. Un prestigioso abogado de Barcelona.
Tenían una vida muy cómoda, que les permitían muchos lujos y caprichos.

Roberto llevaba tiempo sospechando que su mujer le estaba siendo infiel. Decidió ponerle un detective privado, para que la siguiera, y poder asegurarse de sus sospechas.
Su mejor amigo y confidente le había recomendado un detective con bastante prestigio, y se decidió a llamarlo.

Mateo era un chico de mediana edad, muy guapo, pero con un aspecto algo desaliñado. Tenía un buen currículo en esta profesión, a la que se llevaba dedicando más de 10 años.



El detective tenía varias fotos de Susana. Una joven bastante esbelta y llamativa. Roberto, su marido, también había proporcionado al detective una ruta de los lugares que frecuentaba su mujer, y los horarios que solía tener.

Una tarde, Mateo seguía a la joven en su destartalado vehículo. Ese día, Susana había estado en el gimnasio, en la peluquería, comiendo con unas amigas, y por la tarde, estuvo de compras por la C/ Mayor. Llevaba todo el día de un lado para otro.
Mateo no había conseguido de momento nada extraño. Tenía muchas fotos de ella, haciendo una vida normal. Pero sabía que tenía que incidir en busca de alguna prueba.

Ya caía la noche, y Mateo seguía sentado en su coche, a la espera de que la joven terminara sus compras.
Su vehículo estaba en una calle muy poco transitada, en un lugar apartado y oscuro.

De repente, por la ventanilla del copiloto se escuchó.

- ¿Buscas algo? - susurró Susana.


- ¡Ehhh! - enmudeció Mateo. ¿Cómo no la había visto venir?, ¿Cómo pudo descubrirme? - se preguntaba Mateo.

- ¡Sé que eres detective, sé que llevas un tiempo siguiéndome, y también sé que mi marido te paga para que me espíes! - afirmó la joven.

Susana abrió la puerta del copiloto y se sentó en el vehículo.

- Ahora llegaremos a un pacto, ¿no querrás que tu buena reputación de detective se vaya por la borda? - sarcásticamente le susurró la joven al oído de Mateo.

- ¿Qué quieres? - dijo el joven aun perplejo de lo acontecido.

- Hubiera pedido que me dieras todas las fotos que tienes mías, pero como estoy segura de que no tienes nada significativo... quiero jugar. ¿Qué te parece?

- ¿Jugar?, ¿Qué tipo de juego? - exclamó el detective.

En ese mismo instante Susana agarró el muslo del joven, y comenzó lentamente a acariciarlo hasta llegar a la bragueta del pantalón.

- Si quieres podemos jugar aquí, o también puedes poner el coche en marcha, y te explico las instrucciones en un lugar más alejado y tranquilo.

Mateo desconcertado puso en marcha su vehículo, y arrancó en dirección a las afueras de la ciudad, en busca de un lugar solitario.

Mientras llegaban a su destino, Susana puso su bolso en el salpicadero y comenzó a desvestirse lentamente. 

                       
Susana se quedó solamente con su ropa interior negra. Comenzó a acariciar su entrepierna con una mano, mientras con la izquierda acariciaba el muslo del detective, que cada vez estaba más nervioso.

Al llegar a un descampado muy apartado de la carretera principal, Susana le ordenó que se pasara al asiento trasero del vehículo. Mateo obedeció las ordenes. Sentía una mezcla entre miedo por las extrañas intenciones de aquella joven, y excitación, tanto por las circunstancias como por aquella bella mujer.

Susana bajó la cremallera del pantalón de Mateo, dejando a la vista la excitación que le provocaba el momento. Acarició suavemente su miembro con las dos manos. Lo que hizo que el joven lanzara un pequeño gemido.

El detective comenzó a desabrocharse uno a uno los botones de la camisa, dejando a la vista su torso. Mientras tanto, Susana introdujo una de sus manos en el interior de sus bragas, y con la otra agarraba el miembro firme del joven.

Mateo recostó su cabeza en el respaldo del coche y empezó a jadear cada vez con más intensidad.
La joven lentamente, bajó sus bragas, dejándolas caer al suelo. Se subió encima de Mateo, uniendo piel con piel. Rozando sus cuerpos mientras lo besaba sin dejarlo de mirar. Le excitaba ver la expresión de placer de aquel chico.

- ¡Déjame entrar dentro de ti!, ¡no me tortures más por favor! - exclamó Mateo.

- ¡Shhhhh! - mandó a callar Susana.

Cogió su mano, y agarró el miembro del detective, y muy despacio lo introdujo dentro de ella.
En ese mismo instante, ambos exclamaron un gemido. Susana agarró el desaliñado pelo de Mateo, y comenzó a mover sus caderas sobre él.

                            

Los cristales del coche comenzaron a empañarse, debido a las respiraciones de aquellos amantes. Causado por los jadeos y el calor que en aquel vehículo se producía. Eran pura combustión, sumergidos en una máxima excitación, ajenos a todo a su alrededor.

Las caderas de Susana continuaban bailando al son de los gemidos del aquel joven. Un joven cazador de momentos, que había sido cazado por su propia presa.

Lentamente Susana iba aumentando sus jadeos, e iba aumentando su ritmo de vaivenes. Miró con una gran intensidad a Mateo y le susurró al oído

- ¡Me voy!

Mateo apretó las caderas de la joven contra sus muslos. Apretó su espalda contra su pecho y se dejó ir con aquella joven cazadora de momentos. 
Las gotas de los cristales caían lentamente, como mismo manaban la entrepierna de ambos y sudaban gotas de pasión por cada poro de su piel.

Susana se apartó rápidamente, se vistió y besó cálidamente al detective. Se pasó al asiento delantero, y esperó que su acompañante hiciera lo mismo. 
Mateo antes de arrancar el coche, la miró fijamente, pero esta seguía retocándose el maquillaje, ajena a todo.

El trayecto a la ciudad fue en un total silencio, rozando la incomodidad.

- ¡Para por aquí!, ¡aquí me puedes dejar! - le dijo Susana.

Se bajó del vehículo tranquilamente, y se apoyó sobre la ventanilla del copiloto.

- ¿Ves esto? - señalando un pequeño objetivo que salía de su bolso - ¡Ya puedes llamar a mi marido y decirle que no soy infiel!, ¡buenas noches! - murmuró sarcásticamente Susana mientras se alejaba del vehículo.

Sean felices y bien follados.


Recuerden Cupider@s que la vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, si no por las que se sientan a mirar (Albert Einsten).

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1 comentario:

  1. Cazador cazado. Todos ganan, menos el marido. Ella hace que no se entreguen fotos, se lo pasa bien, y el detective también disfruta...y se supone que cobra.
    Excelente juego de papeles y excitante a la vez.
    Gracias por compartir.
    Carla Mila.

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