EL HOMBRE DE DIAMANTE


Érase una vez... ÉL.

Watson era un hombre muy peculiar y extraño. Tenía bastantes dotes intelectuales, y a su vez era muy bello. Poseía cualidades bastante positivas a vista de cualquier persona, pero era un ser emocionalmente inerte, sin sentir. 
A pesar de que poseía un corazón, su única finalidad era bombear la sangre por su cuerpo. Sus emociones habían sido devoradas por las desilusiones, el desaliento y el desamor.
Lo habían amado mal, muy mal, o eso es lo que se podía intuir tras aquella apariencia de tipo duro. 
Había estado en varios hogares dónde no supieron quererlo.
Lo había pasado tan mal, que decidió borrar todo sentimiento de amor de su corazón. Quedándose atrapado con el dolor, el odio y la soledad.



Decidió evitar que los bellos sentimientos afloraran de su interior. Negando todo aquello que lo hacía feliz. Mostrando una careta cruel y vil. Una careta de villano de película. Haciendo creer al resto, que dentro de su ser, solo había un oscuro personaje.

Con mirarle a sus enormes ojos, se podía entre ver que estaba sediento de cariño, que lo necesitaba a gritos. Que se estaba ahogando en aquel pozo solitario. Pero... era un pozo sin agua, un pozo de miedos e inseguridades, que solamente figuraban en su mente.

Ansiado por las caricias y la ternura, proyectaba al exterior todo su daño. Se enmascaraba de frialdad y crueldad, armado por una gran coraza, para que nadie más pudiera romperle el corazón.

Nadie sabía el daño que corría por sus venas, ya que su blindada coraza, apenas dejaba ver lo que sentía. No era capaz de expresar todo aquel daño. O al menos no podía verbalizarlo de una manera sana. Solo era capaz de exteriorizarlo tras ese odio de sus emociones. Y lo más cruel era que lo lanzaba contra tod@s aquellos que intentaran acercarse.


No se dio cuenta, que hay personas que tienen unas gafas especiales. Gafas que facilitan ahondar en lo más puro de las personas. Gafas que permiten penetrar en la esencia de las personas. Lentes con la capacidad de apartar las telarañas que dejan a la vista el corazón y buscar en el interior.
Se le olvidó el pequeño detalle que no todo el mundo es igual.

Watson, aquel hombre triste, tenía una lección muy importante que aprender. Debía gestionar todo aquel daño para lograr ser feliz, sin esconderse de las emociones y sentimientos.
Watson debía recuperar el control de sus emociones, pero sin negarlas, sin suprimirlas o anularlas.

Nadie podría borrarle el dolor de su pasado, porque la vida no se trata de restar. La vida es sumar siempre. Aprender, crecer y seguir para adelante.
Watson era el único que podía tomar las riendas de su corazón. No sabía que, el único responsable de su lamentable estado era él. 
No era consciente que... "no es lo que nos sucede, no son los hechos dolorosos que vivimos, es la ACTITUD con la que nos enfrentamos en la VIDA". 
Nadie podía decidir por Watson. Nadie podía tener la custodia de su corazón. Nadie tenía la varita mágica de sus emociones, y tampoco decidir su estado de ánimo.

No había aprendido que las heridas no se borran, que siempre permanecerán en nuestro cuerpo. Que lo valiente es poder mirarlas con el paso del tiempo y decir "esta cicatriz ya no duele", es solo un aprendizaje más.
Solo nosotr@s somos los únic@s culpables. Que no hay más villanos que nuestros propios pensamientos. Y que dependerá de la interpretación que hagamos de los hechos.

Un día Watson llegó a un nuevo hogar. Un lugar donde lo amaban de verdad, con emoción y sentimientos. Un refugio dónde lo besaban con los ojos abiertos, sin pestañear, ni dudar. Pero Watson, nuevamente era incapaz de soportar aquel cariño. ¡Desconfiaba! Pero no desconfiaba de aquel amor que le brindaban, desconfiaba de su propio ser.

El miedo se apoderó de él. No fue capaz de tolerar  esos sentimientos de amor en su corazón corrompido, y nuevamente huyó... 


Para la formación de los diamantes, es necesaria una presión muy alta y temperaturas extremas de algo tan simple como el carbón. Ojalá que nuestro amigo Watson, algún día pueda seguir brillando, sin la rudeza de un DIAMANTE.


Recuerden Cupider@s que huir del amor, es tan estúpido como evitar tener hij@s haciéndole el amor a tu cuñad@, para tener sobrinos en vez de hij@s.

LES QUIERO CON MUCHO HUMOR


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2 comentarios:

  1. Me hozo llorar Gracias me encanta tu blog

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    1. Me alegra que te guste el blog. Y con respecto a hacerte llorar, espero siempre que sea de felicidad o de risa. Recuerda que hay que QUERER con mucho humor. Un fuerte abrazo.

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