LA LUZ DE MI FARO (RELATO ERÓTICO)

Sentía la presión de aquella inmensidad sobre su cabeza, pero esa sensación era fascinante. Cada vez que buceaba era una emoción única e irrepetible. El extenso mar ante sus ojos era todo un regalo para Carlota.

A lo lejos, entre los corales de colores, divisó un pequeño barco hundido. La joven sabía que entrar sola era un riesgo muy alto. Pero un riesgo tan tentador que decidió adentrarse.
El barco estaba muy deteriorado por el paso de los años, por el oleaje, y por una nueva vida marina que nacía en su interior. Entre los restos de aquel velero, encontró una pequeña caja plateada que parecía que no había sufrido ningún tipo de desperfectos con la crudeza del mar.


   



Sujetó con fuerza el cofre y salió rápidamente a flote invadida por la curiosidad de aquel tesoro encontrado. Abrió con mucha intriga aquella caja. Para su sorpresa, en el fondo encontró una nota en la que se podía leer aun una frase:

- Te estaba esperando Carlota. Te amo.

Un escalofrío perturbador recorrió el cuerpo de Carlota. Se sentó en la arena de aquella minúscula cala, buscando una explicación a aquella desconcertante nota. Comenzó a buscar respuestas incesantemente, pero sin lograr resolver aquel enigma.
A lo lejos divisó un viejo faro, y decidió caminar hacia él, en busca de la calma que el mar le otorgaba.
Cuando la distancia se había reducido a escasos metros, un señor con un atuendo blanco impoluto, una larga barba blanca, y un aspecto un tanto desaliñado, se dirigió hacia ella con una actitud amable.

- ¡Te imaginaba igual de bella! – dijo el farero con una voz cálida.

- ¿Nos conocemos? – exclamó Carlota.

Aquel entrañable viejo soltó una carcajada, a la vez que cogía el cofre de las manos de Carlota.

- Acompáñame, te contaré una historia – argumentó el farero, acariciando con ternura el cofre.
Carlota recelosa pero bastante intrigada aceptó la invitación. Ambos se dirigieron hacia aquel precioso acantilado, y con la mirada perdida en el horizonte, el farero le contó aquella historia.


“La familia Santos, se había comprado ese velero, para disfrutar todos juntos de sus vacaciones. Una noche sin previo aviso, una tormenta de verano se aproximó a la costa, casi sin dar tiempo a resguardarse de la misma. Fue una desgracia terrible.
A la mañana siguiente, en la costa se podía avistar la magnitud de la desgracia. Los guardas costas encontraron los cuerpos del matrimonio, y el cuerpo de la hija mayor de la familia. Pero jamás encontraron el cuerpo del pequeño Tommy.”

Perpleja de aquella historia, Carlota intentaba encontrar en su cabeza respuestas para tantos enigmas, inclusive la nota que escondía aquel cofre.


- Había una nota… - dijo asustada la joven.


- Lo sé Carlota, lo sé – dijo el farero cortando la conversación de inmediato.


- ¿Cómo sabe mi nombre? – cuestionó la chica intimidada.


- Todas las respuestas las tienes tú. No te preocupes por nada. – le replicó aquel viejo misterioso, dándose media vuelta y alejándose lentamente apoyado en su bastón de madera.


Carlota quedó inmóvil, escuchando el silencio sordo de las olas rompiendo contra el acantilado. Asustada, pensativa y desorientada, con el viento y el atardecer de compañeros en aquel efímero instante.

- ¡Carlota, te amo! – una voz varonil susurró al oído de la joven.

Unas manos irrumpieron por la espalda de la joven, envolviendo su delgada figura y revoloteando su pelo húmedo. Carlota mantuvo por unos segundos la respiración, esperando respuesta a ese encuentro. Muy despacio se dio media vuelta, para poder ponerle rostro a aquella cálida voz. Allí estaba él. Un joven moreno de ojos achinados castaños.
El joven agarró con dulzura las manos de Carlota, y las colocó sobre su pecho. Podía sentir cada palpitación, podía escuchar el bombeo de su sangre alterada. En ese preciso instante, sus miradas intensas hablaban de amor. Un amor indocumentado.
No había explicación, ni argumentos para aquel insólito encuentro. La ínfima distancia de sus labios anunciaba la pasión de aquellos cuerpos forasteros. Las siluetas se aproximaban mansamente revelando deseo.


Aquel joven despojó a Carlota de toda su ropa, dejando a la vista su bella silueta. Inmóvil pero impasible la joven aceptaba con su mirada.  El viento y las manos ardientes acariciaban cada poro de la piel. Carlota agitada, empezó a desvestir al joven con la misma lujuria.
Dulcemente el joven misterioso, recostó a la chica entre todo aquel forraje. Comenzó a besar cada rincón de su cuerpo, palmo a palmo. Minuciosamente recorrió todo su cuerpo con sus manos, con sus labios, con su lengua.
Carlota intensificaba su deseo a cada movimiento a cada gesto. Su respiración comenzaba a agitarse al sentirla rigidez de la entrepiernas de su amante. El lascivo olor que evaporaba la piel de su amante magnificaba su deseo, impregnándose de aquel veneno.

La joven suplicaba con la mirada, con sus besos, con las yemas de sus dedos que la amara. El joven complaciente encajó a la perfección ambos cuerpos, desprendiendo del cuerpo de Carlota una exhalación quebradiza.
Las manos sudorosas agarraban las caderas de la joven, oprimiendo cuerpo a cuerpo, con cada una de las sacudidas del miembro de aquel enigmático individuo. Espasmo a espasmo, la joven perdía lucidez, entregándose a la voluptuosidad del encuentro.


Consumidos por la pasión, extasiados por la carne, por la lujuria, el deseo, dejaron que sus almas y sus cuerpos explotaran de delirio, desfallecieran en un nirvana inmenso. Sus respiraciones agitadas exclamaban el clímax. El rugido de sus respiraciones pregonaba un orgasmo delicioso y sobrenatural.
Sus almas se rindieron, sus cuerpos ondearon la bandera de la paz, arrodillándose ante el fuego  de combate del enemigo. Recostándose a contemplar el cielo, agotados de la lucha carnal. 


Un hilo de luz entraba por la ventana. La habitación estaba fría para la época estival que era. Y lentamente Carlota abrió los ojos. Estaba acostada en su cama, con su cuerpo desnudo, tiritando de frío y su pelo aun estaba húmedo.
Agitada comenzó a mirar a su alrededor, encontrando la paz de su dormitorio. Todo había sido un sueño. Un sueño agridulce, con incógnitas sin resolver, pero enternecedor.

Se incorporó de su cama muy suavemente, aun aturdida por aquella quimera.
A los pies de su cama encontró un pequeño cofre que exaltó de nuevo a la joven. Sigilosamente sujetó con manos temblorosas la pequeña arca. Abrió la tapa y encontró una nota que decía:

- Te estaba esperando Carlota. Te amo.



Recuerda Cupider@ que cuando miras al mundo con ilusión y con amor, aparecen oportunidades mágicas en tu vida.

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Comentarios

  1. Tan sugerente como excitante.
    Y de fondo el embrujo del mar.
    Excelente!

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