¡MIS MÁS HIPÓCRITAS FELICITACIONES DE NAVIDAD!

¡Navidad, dulce Navidad!... Ya están todas las calles se llenan de luces. El frío se apodera de cada una de las estampas navideñas. Se respira un ambiente cálido y familiar en todos los hogares. La paz y el amor brillan en cada rincón del planeta. Cada casa tiene un decorado brillante y luminoso que va acompasado de muestras de cariño y amor de todo el mundo...





Pero... ¿de verdad, es real? 


Se me hace un nudo en la garganta saber que el planeta en el que vivimos está totalmente patas arriba. Me arden los dedos con sentimientos que me dañan, con tan solo pensar que, muchos de nosotros podremos sentarnos a la mesa en Nochebuena con nuestras familias. Que somos tan afortunados de pasar unas agradables fiestas rodeadas de nuestros seres queridos celebrando "el nacimiento de Jesús". Muy eufóricos, contentos y sobre todo muy devotos (nótese la ironía).

Se me quiebra el alma saber que miles de personas no podrán compartir ni una ínfima parte de nuestra felicidad más hipócrita. Que miles de personas viven por debajo del umbral de la pobreza. Comedores sociales llenos de personas sin hogar, hospitales con camas calientes de enfermos, residencias hacinadas de abuelos y abuelas que lo dieron todo por nosotr@s. Hogares infantiles repletos de niños y niñas con la esperanza en que Papá Noel o los Reyes Magos hagan sus sueños realidad.
Nada de esto está en el tercer mundo. Todo está a dos calles de tu casa. Asoma la cabeza por la ventana y mira, fíjate bien. Todo está a nuestro alrededor, a tiro de piedra.

No quiero que parezca demagogia, pero quiero pensar que por un mes al año, el ser humano deja de ser egoísta, y hace un juicio personal para ser mejores personas. Pero es pura mentira, nos volvemos aún mucho más consumistas y avariciosos.

Me enferma saber que el ser humano es la raza inteligente de este planeta. Un planeta que nos estamos cargando en nombre de los dioses, en nombre de la patria. Que nos estamos matando con egoísmo, con poder, con rabia... Nos estamos destruyendo cada día un poquito más, y parece que no importa. Que el planeta es indestructible. 

Me repugna ver que la vida tiene tan poco valor que matarnos entre nosotros es cuestión meramente de números y excusas de odio... pero ahora que estamos en Navidad nada de eso parece existir. ¿Por qué? Pues porque somos felices, porque las luces de colores de nuestros arboles parece que tiene un efecto hipnótico y enajenado.

Si tú eres afortunad@ de sentarte a la mesa con tus seres queridos, a pesar de que año tras año vaya faltando familiares. A pesar de que, cada vez sean más evidentes las ausencias. A pesar del dolor que produce los asientos vacíos, celebra la vida. Da gracias por la fortuna que tienes. Sé agradecid@ por esos momentos únicos y especiales con cada uno de ellos. Pero no te olvides de ese sentimiento, de esa emoción el resto del año, y no te olvides de mirar a tu alrededor de vez en cuando e intenta buscar un mundo mejor.

Levanta tu copa, alto, bien alto y brinda por la vida. Por el maravilloso regalo de poder sentarte a la mesa con tus familiares y amigos. Brinda mirando a los ojos con amor, con cariño. Agradece a cada uno de ell@s ese momento, porque quizás... quizás no haya más momentos ¡SALUD Y FELIZ NAVIDAD!


   


Recuerda Cupider@ que mientras menos regalos pongamos debajo del árbol, más espacio para abrazarnos.


LES QUIERO CON MUCHO HUMOR


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